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En estos días, las amplias calles de la capital brasileña tienen un aspecto inédito. Usualmente desiertas de peatones, ahora están virtualmente tomadas por unos nueve mil efectivos militares que cuidarán de la seguridad de las 33 delegaciones extranjeras que llegan para la primera cúpula de mandatarios sudamericanos y árabes.

Se trata del evento internacional del año en Brasil y un hecho histórico para la diplomacia local.

A pesar de algunas notorias deserciones presidenciales, el encuentro es también el de más alto nivel presidido por Lula da Silva en sus 28 meses de mandato, y por eso no se han escatimado gastos ni se ahorran expectativas sobre su relevancia.

Los 11 países sudamericanos y los 22 de la Liga Árabe enviarán sus representantes al encuentro que se celebra entre el 9 y el 11 de este mes en la moderna ciudad proyectada por Oscar Niemeyer.

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