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  • Alejandro Durán
  • Juancho Rois
  • Gustavo Gutiérrez


    ALEJANDRO DURAN

    Víctima de una insuficiencia cardíaca, falleció en Montería el 15 de noviembre en 1989 Alejo Durán , después de ser trasladado de Planeta Rica, donde residía.
    Esta fue una nota que en 1989 conmovió al mundo tropical, pues más que un simple hecho, representaba la muerte de uno de los grandes forjadores de la cultura vallenata. Pero fue una muerte en apariencia, ya que su herencia, dejada en el acetato y en el recuerdo de sus innumerables seguidores, que aún vibran con la maestría que llegó a tener al interpretar su acordeón, con su voz y con su inagotable fuerza creativa, aún vive por su riqueza.
    De cuna humilde, Alejo Durán nació en El Paso, hoy departamento del Cesar, el 9 de febrero de 1919. Como campesino, desde su niñez se desempeñó en varios oficios, ya fuera como "racionero", casero, vaquero, corralero o capataz. Pero el llamado de su carazón, el mismo que lo llevó hasta la tumba, lo lanzó a la conquista del mundo a través de su música, sus versos y su acordeón.

    El Valle de Upar conoció su niñez, pero Colombia entera conoció su creación. No fue un surgimiento fácil; sin embargo, el valor de su creatividad siempre en ascenso llegó a prosperar con el correr de los años. Lo más interesante de Alejo Durán fue su apego a las tradiciones costeñas y principalmente a las del vallenato puro.

    Su conjunto estuvo integrado por:

  • José Tapias con la guaracha
  • Julio en la tumbadora
  • Manuel Castro en la caja

    (*Por: Luis Felipe Jaramillo, tomado del Cd Recuerdos Vallenatos (Discos Fuentes))

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    HOMENAJE A JUANCHO ROIS
    Obituario
    A los artistas Juan Humberto Rois Zúñiga, Rangel Torres Jiménez y Eudes Granados Córdoba
    Valledupar, Noviembre de 1994

    Nuevamente la tragedia toca las puertas del folclor vallenato. Profundamente consternados por la súbita desaparición de tres grandes valores del pentagrama musical vallenato, el Consejo Directivo de le Leyenda Vallenata, su Presidenta Ejecutiva y demás miembros, hace público reconocimiento de los valiosos aportes, que en su campo, cada uno de quienes irremediablemente nos han abandonado, efectuaron para prez y gloria de la expresión más auténtica de nuestro pueblo: la música vallenata.
    Por signios que sólo Dios en su infinita grandeza puede administrar, no sólo el folclor, sino tres familias de profundas raices comarcales, han quedado huéfanas de padres, hermanos e hijos.

    El acordeonero Juan Humberto Rois Zúñiga fue un caballeroso y noble competidor en el Festival de la Leyenda Vallenata. A él lo meostramos como ejemplo de quien sabe competir con hidalguía, reconociendo sin resentimientos, el triunfo de sus contrarios.
    Pero fue ante todo Juancho Rois, el innovador, el artista creativo, preocupado siempre por la superación y la modernidad, sin dejar de ser auténtico heredero de nuestra expresión vernácula.

    De Rangel "El Maño" Torres Jiménez se puede decir que la exelencia fue su meta. En sus manos, las cuerdas del bajo electrónico desgranaban sus secretos y sorprendía a los más versados por las maravillas que lograba hacer de este novedoso y ahora imprescindible instrumento del actual Conjunto Vallenato.
    Su ausencia será dramáticamente notoria. La casi totalidad de las agrupaciones de música vallenata reclamaban su asistencia en sus grabaciones y presentaciones. Torres heredó de su padre su tenacidad, constancia, dedicación y amor por la música.

    Duele igualmente, y con estas lineas queremos llegar al corazón sufrido de la familia Granados, y con ellos lloramos la desaparición de Eudes Granados Códoba . Humilde y sencillo como su padre, adquirió de él esos otros secretos para ser útil y servir a la causa del folclor vallenato. Tal cual como un cirujano, sus hábiles dedos resanaban velozmente un pito roto, un laberinto perforado, un fuelle maltratado, un teclado desafinado. Iba a ser el sucesor y en esa senda lo sorprendió la muerte al lado de sus compañeros de grupo. El folclor vallenato está de luto. Oremos para que el Señor derrame sobre los afligidos deudos, su misericordiosa compasión dándoles resignación y fuerzas para aceptar tan ineluctable realidad.

    (*Tomado de la revista XXVIII Festival de la Leyenda Vallenata)

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    GUSTAVO GUTIERREZ CABELLO

    Cuando una generación como la mía se preocupa para entregar en el futuro las banderas de la música folclórica y especificamente, en este caso, la de mi región, nos acomete la inquietud de quién o quiénes continuarán esa labor en defensa de nuestra cultura. Gustavo Gutiérrez Cabello, a quien por su contextura física le decimos los amigos "El Flaco de Oro" y "El Gustaveta", como también le llamaba Jaime Molina, es y será un valioso estandarte folclórico. Su música conserva la tradición a nivel armónico y en su letra se encierra el costumbrismo y el romance descrito en el idioma de los poetas, con el más profundo amor. Para mi es un verdadero honor haber sido la persona que escuchó uno de los primeros cantos de Gustavo, "Del Flaco de Oro". Su padre me la llevó para que la corrigiera. Pero después de oir essa hermosura que paradógicamente se llama "La Espina", no tuve nada que corregir, se la devolví, busqué a Gustavo, le di un abrazo y le dije:"No Flaco, tu mismo te vas a corregir, aunque lo dudo, porque estoy seguro de que tu lo que hagas lo vas a seguir haciendo bien".

    Desde ese día comprendí que Gustavo Gutiérrez sería muy importante dentro del folclor y juglares de mi tierra, el tiempo me dió la razón. Hoy "El Flaco de Oro" al lado de del doctor Nacho Urbina, Emiliano Zuleta, Lorenzo Morales, Poncho Zuleta, Jorge Oñate, Israel Romero, Colacho Mendoza, Miguel López, los Hermanos Calderón, Hernando Marín, Máximo Movil, Santander Durán Escalona, el gran Leandro Diaz y otros que son muchos y ya los muertos que siguen vivos en la memoria de mi pueblo: Freddy Molina, Octavio Daza y Rafael Orozco, ellos encaman las figuras líderes entre los compositores de la nueva y vieja generación como poetas románticos y costumbristas del canto vallenato. Comparto el sentimiento de la patria entera para rendir este homenaje de cariño y admiración a quien todos queremos. LLegamos unidos por la sangre, el espíritu de los compositores y músicos para acompañar a Gustavo por los caminos llenos de estrellas que conducena a sus bellos castillos de música, construidos sobre el cielo de su inspiracíon entre nubes azules, como "una Casa en el Aire". Que Dios lo bendiga.

    (*Por: Rafael Escalona Martínez, tomado de la revista XXVIII Festival de la Leyenda Vallenata)

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